Othón Muñoz Alvear

Othón Muñoz Alvear (Guayaquil, Jan 14, 1945 – August 9,2014) was an Ecuadorian poet, columnist, writer, anthologist, theater actor, teacher, and politician. He’s considered the greatest of the “Hurricane Generation,” a group of poets in the 1970s who all contributed to a book of the same name. He authored poetry books and won several prizes and national literary contests. His poem, “Breves noticias de sus vidas breves,” won first prize at the Ismael Pérez Pazmiño National Poetry Contest held by the newspaper El Universo in 1978. He presided over the Guayaquil Municipal Cultural Center and the Association of Educational Journalists. He is perhaps best known for his poems “Mamacity” and “Y te vuelvo a fundar en la esquina de mi barrio,” which pay homage to his native city of Guayaquil.

Education

In 1963, Othón Muñoz obtained a law degree with a doctoral thesis, “Social Law and Unionism,” which was approved with honors at the Faculty of Jurisprudence at the University of Cuenca.

Literary awards and recognitions

  • 1968: Mural Poetry Award at the Guayaquil Arts Festival for his poem “Acontecimientos pálidos.”
  • 1970: First Prize in the “Salón Nacional de Mayo” organized by the Guayas chapter of the House of Ecuadorian Culture.
  • 1972: First Prize in the National Poetry Contest sponsored by the Municipal Board of Fine Arts of Guayaquil.
  • 1975: First Prize at the 8th edition of the “Salón Primero de Mayo” National Poetry Festival organized by the Association of Young Intellectuals of Guayaquil.
  • 1978: First Prize at the “Ismael Pérez Pazmiño” National Poetry Contest held by the newspaper El Universo.
  • 1976: First Prize at the “Rosa de Agosto” National Popular Poetry Festival, organized by the University of Guayaquil, FEUE and AFU.

Family

Othón Muñoz was an only child, born on January 14, 1945, in Guayaquil, Ecuador to Mercedes Alvear Montiel (d. 1986), a primary school teacher from Guayaquil, and José Ignacio Othón Muñoz Vallejo (d. 1972, from diabetes), a typographer who graduated high school at the Guayas Philanthropic Society and worked his entire life at the “La Reforma” printing press owned by Jacinto Jouvín Arce, where he enjoyed the trust of its owner, to the point that he had the keys, opened and closed the workshops.

Poems by Ecuadorian poet Othón Muñoz

Mamacity

creías que a lo mejor
yo
no iba a poder
fundarte
nuevamente
al pie del cerro de mis deseos
porque talvez
ibas a seguir
siendo de otros
que sí pueden colmar
tus caprichos impuestos
o amoblarte en el gran ojo
de los altos polifemos
de sus edificios
sin dejarte escapar hacia mí
como quisiera verte
piel de cerveza
embriagada en el río
que añeja nuestra música
con lanchitas que
bajan
y suben
y saltan
bailando tus cerros
de ciruelas maduras
o vienen de tus guasmos
de grosellas sedientas
donde pregonas tu
ordenado
desorden
conque sueñas
gritas
vibras
vibrando en todas las gargantas
con todito ese dolor
que se te escurre
bacaneando
guayaquilocamente cheverosa
 por la guapísima
avenido de la nueve
donde
vas
vienes
vas
adoquinadamente
vacilando
al creici malecón
que le sobra
al guayas
vas
vienes
vas
chicleteando al vacilón
de ciudad hecha mujer
en cada encuentro
de mujer echa ciudad
en cada olvido
vas
vienes
vas
desnivelando pasos
con tu andar
malconeando
tu pinta en el estero
salado
sabrosísimo
vas
vienes
vas
muy hembra guayaca
sacudiendo con ricura
tus redondas redondeces
con vaivén
de caderas
y deudas
y cóleras
creyéndote la muy
sabrosa
plena
séper
cheverosa
meneándote al son
de tu feliz cumpleaños
hapi beibi
tú y yo nena
te festejamos
mamacity
chancleteando
salsa
sabor
y sandunga
nos vamos de cangrejaa
arroz con menestra
y patacón
en toditas las esnaquis
de tu celebración
hapi beibi tú y yo nena
te agasajamos
rumbeando el esqueleto
hasta el mismísimo
chuchaqui
picandoy cafeteando
encebollado con ají
guatita en la placita
chiflecitos
bolón e verde
y chicharrón
que al son tu hapi beibi
tú y yo nena
te das brisa
con tu piel
de trigueñal trigueña
guapachosa
y no para bola mamcity
a cualquier hijo de
esos engrupidos
guácharos
guacharnacos
como yo
que te persiguen con silbos
y jumas
y broncas
de roncas voces rotas
picarás
aguardentosas
que te arranchan al paso
un besito volado
hmm
y que viva guayaquil
concha e tu alma
cuando vas con tu mini
a full
de chica plática
increíble
soplada
golosa
in
con tus labios del loca coca
mezclada
con guachucho
mandanga
y a tú ve
mientras los malandros
de la zona roja
persiguen acosando
a las niñas desnudas
de tus ojos chícharos
desde el río
hasta el estero
desde el estero hasta el río
igual que esos piratas
esos piratas hijos de
una grandísima
patria
que la violaban y quemaban
y jodían
tus sueños libertarios
que incendiaron tus barrios
y tus casas
de coco y caña
y fiebres amarillas
y todo porque dicen que eras

perla que surgiste
del más grande y e ignoto mar
y que al son de tu arrullar

te entonamos cada noche
en el barrio lagartera
que a la diestra del guayas
aún te canta
te sueña
te fuma
y te bebe
mamacity
y cómo te bebe
para que se te llenen
los ojos
de cerveza
bien mojada
tal como si estuvieras llorando
con el alma
descocada
chira
volantuza
con ganas de reír
y reír
y reír
para no llorar
coquetamente triste
y risueña a la vez
dribleando por las calles
con esas ganas guayacas
de golear
y golear
y golear
tu zona de candela
mientras vamos contigo
enloqueciendo
sin perder la razón
pero perdiéndonos
mamacity
perdiéndonos
en un pasillo
ebrio
que te sale de adentro
como de una cantina

ya que sólo por ti la vida me es amada
el día que me faltes me arráncame la vida

tal como una lágrima
que canta siempre a silva
a lo sangurima
a lo montecel
a lo jota jota
y canta por las calles
y plazas
y cuartitos
para hacernos el amor
con la vida
y con la muerte
y con tu mala suerte
mamacity
al celebrar
tus cuatrocientos sesenta y
y tantísimos recovecos
que te acosan
como yo
en la esquina de mi barrio
que es también
lagartera de guitarras violadas
por voces
y voces
y voces
que desnudan
la perversa inocencia
de tu coquetería
de ciudad emputecida
por tanto desamor
de los corruptos
que tienen
sostienen
y mantienen
todo el poder lamparoso
de engatusarte
para que sigas
y sigas
bailando en la salsa
de tu soledad
con infiel felicidad
maldita sea
donde te aguaito
te oigo
te olfateo
tan niñamente envejecida
sicoseada
entutanada
engrupida
hambrienta
de algún abroza
sedienta de algún cariño
y es cuando me enrabio
rabiosamente contigo
mamacity
y te arrancho la carterita
cuchillo en mano
-diosito lindo-
te arracho
la carterita
para que corras
y corras
y corras
tras de mí
(cójanlo cójanlo por ladrón)
y allí te sorprendo
te chineo
y te destapo
mamacity
en la esquina de mi barrio
del astillero
como chuchaca
en barcelona
con la loca gallada
de mis sueños
y te vuelvo a fundar
mamacity
te vuelvo a fundar
por un ratito eterno
verso a verso
beso a beso
verso a besos
la canción que te empreñe
guayaquilocamente mía
mía
mía
y ajena a la vez!

Othón Muñoz Alvear
guayaquileño; 1945 - 2014


Breves noticias de sus vidas breves

Primer premio del Ismael Pérez Pazmiño de 1978

Por pequeñas,
por testarudas,
por frágiles
estas noticias no son noticias buenas.

Tienen manchada la piel
de su inocencia.
Incompletas las sílabas
de sus nombres.
Andan por ahí entre los Diarios
como noticias viejas.

Por estas calles íntimas
que nadie casi lee,
por el suburbio de estos versos
donde nadie se queda,
las encontré
arañado una palabra limpia,
peleándose
un pedacito de papel donde guardar
los secretos de sus vidas.

Por eso,
entre el anónimo andar
de estas palabras
y el reportaje intenso de sus rostros,
dejé que jueguen
como si fueran niños,
estas breves noticias de sus vidas breves.


El desalojo contado por un niño

Pequeña es tu voz porque es la voz
de un niño.
Pero esta voz seguirá siendo ante
el tiempo
el más bello rival que combate
a la muerte.

Por eso,
cuando la fuerza pública derribó
tu mirada,
cuando echaron abajo la esperanza
de golpe
te volviste piedra entre piedras:
pasos,
gritos,
fuego.

Cuando invadió la tos del desalojo
y tu vivienda
se volvió delito de familia,
te dieron de bruces
con la ira,
te quemaron la ternura
entre la pena,
te enredan el aire para siempre.

Nadie vio cayendo tu cometa
con la ilusión cor
tada como un rabo,
ni el trompo de tu edad girando
en torno
de la fuerza,
mientras las heridas cicatrizan golpes
con el golpe.

Si alguien por descuido tropieza
tu silencio,
no disculpes el rostro que te hicieron,
ni el dolor
de tan temprano en que te hundieron.

Y aunque tu voz
es una voz pequeña entre las calles,
ahora
es una calle más donde otras voces
enhebran su estallido
en tu frontera.


Cloaca para niños

La cloaca otra vez por todas partes.
La muy coqueta
anda riéndose en las calles,
engatusando niños,
convenciendo a todos con su risa
de inocente.
De puntillas, cualquier día
se nos mete
de sorpresa en las noticias.

Pero hoy la descubrimos,
tal como se maquilla su mentira,
tal como se nos esconde en las esquinas,
tal como anda jugando
con los niños,
mientras la gente
cae
y se resbala
hacia su boca abierta y desdentada.

La cloaca no es sólo alcantarilla.
Es el bostezo
de nuestros gobernantes.
Es la boca abierta de la indiferencia.
Es el depósito
donde fluyen
o influyen
las despreocupaciones estatales,
los olvidos provinciales,
los descuidos municipales.

Es la hedionda boca de la muerte
muerde que muerde niños,
muerde que muerde risas.
Muerde que muerde vidas.

Por eso,
cuando el niño volvió con su noticia
a rescatar su cadáver
del asombro,
la cloaca destapó su risa.

Y diariamente
desde los periódicos,
oficialmente
desde los gobiernos,
estrepitosamente desde las esquinas
se volvió a reír
de todos,
a reír con todos
y de todos.

Hasta ahora
nadie le asestó una tapa
de silencio.
Y hasta parece
que la cloaca es una costumbre
que vive entre nosotros
pudriéndose de risa!


Esa extraña noticia

Pusieron al barrio dentro
del bolsillo.
Sortearon sus gritos,
el juego,
las miradas.
Entre overoles tristes
y camisetas
pálidas
apostaron mil veces la cometa
para ver quién alcanzaba
de una vez
el firmamento.

Y repartieron las calles
y el apodo
conque persiguen siempre
a la alegría.
Entonces fue cuando cayó
su vuelo.
Se detuvo la prisa en un sollozo.
Entonces fue
cuando las duras llantas
atravesaron su voz
y sus recuerdos.
Y entonces fue cuando el amigo
intenso
se fue como tiñendo
piel adentro
como si por descuido hubiese
resbalado
para siempre hacia el silencio.

Se fue
como si se despidiera aún sin despedirse
del barrio:
de viento a viento, en media tarde,
cerró sus ventanas la memoria.
Jugando fue como se fue jugando,
entre un carro que cruza
y el reloj que se adelanta.

Y así fue
como quedó toda su infancia
a la intemperie.
Y así se fue como quedando
en una extraña
noticia
como broma.

 
Flash informativo

Se perdió
un mal día de esos.
Es pequeño
aunque le han crecido las penas
sin saberlo.

Debe andar por ahí
o por allá.
Se me escapó de adentro
un día
en que yo amaba.
Estuvo nueve meses
y se hizo nada.

Ofrezco recompensa
de inmediato.
Cualquier información
llena mi alma.
No importa su apellido
ni su rostro.

Anda por esas calles
y no tiene
otra señal particular
que un sueño
en el perfil que yo amo.


Humo con voz de niño

Por entre la noche
devorando viento y un temor
que suelen llevarlo,
siempre abierto,
van
los muchachos de hoy
necesitando un poco más
de cielo.

Me detiene el filo de sus risas.
Me cortan el paso
sus latidos.
Campanadas de humo
tañen que tañen
en el templo de sus voces:
(«Es el viento mi broder
date brisa
gira tranquilo pana
carga y vuela nomás»).
Nomás el viento sabe de sus nombres,
de sus evaporados llantos
por la brisa y el humo,
por el miedo y la vida, nomás
el viento y la mariguana.
Y van
recogiéndose inmensamente hacia adentro.
Se van
atravesando luces de nostalgias,
interrumpiendo sílabas y cantos.

Quizá como jugando
se desquitan de su mala suerte
elevándose,
alabándose,
desvelándose
y recién naciendo otra vez, ahora
como rompiendo los cris
tales del pasado.
(«Ahora estiro la noche
para que no se acaben las estrellas
y me alumbre hasta siempre mi camino»).

Por el camino
absorben lentamente la sonrisa.
Expelen dulcemente sus rarezas.
Y fuman.
Cierran sus ojos.
Fuman y abren los caminos sin retorno
donde echan a rodar
la inconforme bocanada de sus vidas.

Inmóviles
siguen moviéndose hasta hallar
una salida.
Intercambian la pobreza
de la noche
con la ilusoria riqueza de otro día.

Y se sienten plenos
como arcoiris de júbilo,
como ave volando
sin alas
y sin garras.
Juegan.
Bailan.
Cantan
dando vueltas al aro de su infancia,
haciendo girar al universo
en torno a un estribillo.

Y este humo
envuelve a todos con su grito.
Y este grito
es toda su infancia despreciada.
Es un niño quemado en tantas partes.
Una parte que habíamos
perdido.
Por entre la noche
devorando sueños
y un latido que suelen llevarlo
siempre abierto
van
con un mundo al revés de sus palabras,
caminan sin pies,
sin voz,
sin más lamento
que su propia mirada
alucinada,
herida,
tierna.

Y sobre un invierno íntimo cabalgan,
galopan
sobre un caballo de blancas alas negras.

Amo la paz del niño

Porque alguien decretó la guerra
en un descuido de la primavera.
Porque se adueñaron de la vida
furiosos propietarios de la muerte.

Porque justificaron sus derrotas
a cambia de un reparto silencioso.
Porque echaron a rodar este planeta
sobre los polos de la sangre humilde.

Porque después de todo lo que ocurre
un niño nos llora desde siglos.
Y entonces la voz se nos levanta
a defender la luz que se nos niega.

Y se inicia el fulgor de los amantes
que sostienen la paz del universo.
La paz que dialoga con los niños
en el ancho parque de los sentimientos.

Amo esa paz que viene silabando
entre los remolinos de la infancia.
Amo esa paz que no se esconde
para decir su voz en la batalla.

La paz que viene de los pueblos
y vuelve generosa sus fronteras.
Amo la paz del tiempo humanizado
que siembra sus vocales solidarias.

El nuevo amanecer, los nuevos árboles
en equilibrio con las voces nuevas.
Amo esa paz que es plenitud y estalla
en el corazón de todos los humanos.

Amo la paz que sube desde el vientre
y se abre como flor de nueve meses.
La paz que nace y enseña a bien nacer:
la del niño creciendo en su ternura.

 
Un niño toca a colores

Musiquillo de pan, ojos
a secas,
cómo trepas la voz desde tu infancia,
cómo hiedran las cuerdas
de tu canto,
cómo te vas humedeciendo
de guitarras.

Musiquín sin luz, inquilino
de nieblas,
ya te estás solfeándote de hambre,
ya te estás sediento de tus dedos,
ya te estás
haciéndote ciudad, bullicio,
indiferencia.

Cantas
en multitud de sueños transeúntes,
abres tu voz
para abrazar al mundo. Y tus dedos
no alcanzan a estirar
una limosna de sol
que nunca llega.

Musiquiénsabe de dónde mismo vienes,
por cuál música escapaste.
Qué cuerdas fueron afinándote
las lágrimas.
Musiquillo de tal
aún vives aquí como un invento
de colores por nacer!

La niña de los caramelos

Sobre la madrugada
como si de un solo lado pesara más
el sueño,
te inclinas al silencio
con la resignación de un caramelo
que jamás se vende.

Pequeña sonámbula de la vía pública,
vendedora de calles, triste
ternura fría,
almendra anónima caída en una esquina,
siempre esperando cobrar un montón de lunas
y gastar
los colores que no tuviste.

El viento que transita
te despierta,
recobra para sí un cigarrillo,
una menta,
unas monedas dulces que suenan
como suenan.

Y entre el abrir y cerrar los ojos
de la noche,
en la céntrica avenida de tus desalientos,
hoy se descubre en tu charol
gimiendo
el frágil ruiseñor de tu inocencia.

 
Los niños también venden el cielo

Como si no los conociera,
como si sólo fueran una vieja lección
del catecismo,
o una pedrada que alguien tira
a las puertas del cielo:
yo los veo
reír,
volar,
correr.

Nadie ha visto sus alas
pero viven volando.

Por las calles saltan entre sus voces
cortas
y sus vocales largas.
Nos aletea un sonido hecho de cifras,
un número entero
lleno de sueños,
o un guachito de luz que nos sorprende.

Es cierto
que aún llevan su voz casi invisible
pero sus alas siguen siendo
invencibles.
Tal parece que no vendieran nada
sino que estuvieran
jugando con nosotros.

Y al ofrecerme esta suerte ciega
hoy me vendieron los ángeles
el cielo!


Balada de la niña ciega

Sentada sobre el silencio
vives dibujando sueños.

Las flores de la ilusión
te están perfumando el alma.

Ya se oye al cielo venir
como un torbellino al frente.

¿Cómo será aquel muchacho
que tú miras hacia adentro?

Dos alas de sombra cubren
la luz de tus sentimientos.

Sentada sobre el silencio
estás tejiendo tus sueños!

 
Los niños del suburbio

Se les mete el desgano con sus reumas
de viejo,
y en sus cuerpecitos habita
un suburbio de lágrimas.

Los veo correr,
trepar tras la pelota,
echar el sol en medio de sus gritos,
bañarse en el estero,
comer de vez en cuando, mientras
se van llenando de parásitos
el vientre.

Son los marginados,
los huérfanos sin brillo,
a los que los políticos sólo suelen
nombrarlos
cuando requieren el voto de los desocupados.

Descalzos
pueden no ir jugando hacia la escuela,
pueden no ser sino una pedrada
caída desde el cerro
de amargos accidentes.

Viéndolos
por la hendija de este siglo,
por el civilizado agujero de nuestra sociedad,
desde los más altos rascacielos
de nuestra urbe,
estos niños bien pueden ser los panes
que a la puerta de su infancia
se nos queman!

 
La negrita, el payaso y []

Negrita.
te voy a comprar ese payasito de balsa
que baila y baila
en tus manitas.
Nadie más sabe
del milagro que ofreces al público
mientras la lluvia cae,
mientras el invierno impide que sigas
demostrando
cómo el payasito de balsa da vueltas y vueltas
en la magia
de tu cara embetunada de asombro.

Ahora
pago por la magia de tu diario trabajo.
Y me asombra de verte
cómo estás dando vueltas y vueltas
al parque,
ofreciendo la lluvia negra de tu cara
que se mueve con pena
en este payasito de balsa.
O es que tal vez,
de milagro,
eres tú quien realmente da vueltas y vueltas
en torno de mis manos?


Intento hacia la infancia

Al otro lado del amor nace la hierba.
Crece en el polen la luz y late el sol.
Un niño al otro lado de la hierba
empieza desde una ola a juguetear.

Al otro lado… Si bien, yo la cruzara.
Si tú cruzaras junto conmigo, hermano.
Al otro lado, luz nace en las hojas,
deja en las frutas su sabor la miel.

Al otro lado de la hierba existe un día
alto de peces y gaviotas, de aire y verde arena.
Sí tú tan sólo, hermano, dejaras de golpearme
con esa voz de plomo, con ese ojo de gris,
podríamos cogernos fuertemente las manos
hasta cruzar el tiempo, hasta cruzar la vida.

Al otro lado de la hierba la aurora es naranja.
Al otro lado del amor crece la hierba.
Al otro lado, la hierba es el amor!

 
Flor que crece en los []

Flor que piensa en la noche.
Hilo de sueño.
Flor,
gotita de sol.
Bronce de lágrimas.
Flor y no flor descalza
con sandalia de estrella.
Flor
con sollozos puestos
como pétalos.

No hay espuma sin flor
y olas que no sean
de pétalos.
Espuma y pétalo es pez
del aire.

Flor con brazo de hojas
sostenidas por el verde.
Cada pétalo sangra
por riachuelos de naranja.

Si el azul la empapara
con su mantilla de uvas,
todo su frágil perfume
se dormiría ebrio.

Nacida flor en el tallo
del silencio.
Pedazo de carne y oro
como un pájaro
que picoteara el crepúsculo
desde el cielo.

Flor con nombre olvidado
en el labio del tiempo.
Como un reloj dando vuelta
el rocío te llena.

Flor con dos sentimientos
tiernos como las nueces.
Dos antenas que aguardan
la primavera.

El sol –como ala de añil–
raerá su polen de luz.
¡La flor mañana abrirá
su niñez de anhelos!

 
Lirio nocturno
Un lirio de luna sube
en la noche musical del agua.
Los peces como niños de colores
empiezan por buscar el agua.

¡Ay, qué pena! Los niños bajo el agua
como peces buscando algún color!
Mientras un lirio de luna escarba
en la noche musical del agua.


Fiesta de niños
Fiesta de las luciérnagas.
El aire, ebrio de gozo,
corre bailando y besa
los labios de las olas.

Cuánto amor en la luz desperdigada!
Cuánta maravilla en los faroles tiernos!
Cierra y abre la estrella
sus ventanas.

La luna llega abrazándose
a los árboles
mientras se alzan los ojos de la noche
que son los ojos de todas las luciérnagas.

Ya vienen, cogidas de la mano,
vienen del cielo,
por todas partes llegan.
Vienen de allá para alegrar la tierra.

Fiesta del corazón con todas sus luciérnagas!

 
Así como las nubes
Nubes de la noche alegre
entre sollozos al aire.

Aquí no alcanza este cielo
para tantos sueños tristes.

Nubes que vienen vistiendo
el silencio de los ángeles.

Aquí no hay noche de fiesta
que no se encienda una lágrima.

* * *

El viento entrega a la tierra
sus cabelleras de frío.

Por los barrios donde hay luna
hay niños sin blusa blanca.

Pequeños ojos de lirios
con dos pedradas de invierno.

Manitas que se levantan
arañando un débil grito.

* * *

Nubes de la noche alegre
y de la luna que avanza.

Pronto! Romped vuestras telas!
Rasgad las distancias! Pronto!

Desmigajad por los barrios
vuestra ternura de seda!

Y que estos niños se alegren
con sus camisetas blancas!

 
Cuentos de niños, para padres
(Los niños cuentan estas
cosas sin saberlo;
y los padres que hacen
estas cosas
no se han dado cuenta)

Puede bajar el volumen a su telenovela,
señora?
Puede apagar el fútbol de su radio,
señor?
Puede decirme ahora si hay alguien más
en casa?
La TV anuncia que hoy es el día
de los niños!
Que vamos a celebrar la «semana», el «año
internacional del niño».
Luego, un comercial.

Érase una vez los niños…
Érase una vez los padres…

Dónde vas mamá vestidos altos,
mamá taquitos altos,
mamá peinados altos?
Dónde andas
papá tiempo de amigos,
papá tiempo de fiestas,
papá tiempo sin tiempo?

Erase una vez los niños…
Erase una vez los padres…

Les voy a contar la historia
de la brujita y el cuco,
del cuco y la brujita, pero no
se asusten…
Mamá salió de casa!
Papá nunca regresa!
Les quiero contar…
Les quiero…

Erase una vez una brujita
y un cuquito…

Cuando regresen,
si alguna vez regresan a la hora,
me haré televisor,
me haré telenovela diaria,
me haré fútbol de radio, lo que sea,
con tal de que cambien
de canal,
o sintonicen alguna vez otra estación…

Sé que dirán
que soy su mijolindo, su retrato,
que soy todo su encanto
y su alegría…
Pero alguien puede decirme
¿qué programa es este?

Tal vez cuando regresen,
si alguna vez se acuerdan y se quedan
construyendo este hogar
escuchando esta voz,
por favor, no olviden el cuento
que les digo:

Érase una vez los niños…
Érase una vez los padres…

 
Habitación de la esperanza

Sol,
no niegues tu serenidad.
Haz que el pan llegue
a iluminar los labios.

Baja, tú.
desciende hasta el barrio
entretenido con el polvo.
Y siéntate un buen rato,
Sol,
a conversar cosillas
con los niños.
A llamar a los hombres
con tu brillo
o a secar las mejillas
de las madres.

Tú que amaneces pan
y pones pájaros
en el retorno fugaz
de cada día.
Acerca ahora tu boca
hasta las bocas
de cada habitación
descolorida.

Aclara aquí el enigma
de los rostros,
de los ancianos
y obreros
y familias
de dura voz tragada,
de manos temblorosas
y partidas.

Othón Muñoz Alvear
guayaquileño; 1945 - 2014

Works

  • Lamentos subversivos (Departmento de Publicaciones de la Universidad de Guayaquil, 1969)
  • Breves noticias de sus vidas breves (Centro Municipal de Cultura, Sección Literatura, Guayaquil, Ecuador, 1980)
  • Elegías beligerantes (Universidad de Guayaquil, 1978)
  • Mamacity: [texto poético en homenaje a la ciudad de Santiago de Guayaquil] (Ediciones de Otoño, Guayaquil, Ecuador, 2004)
  • Y te vuelvo a fundar en la esquina de mi barrio: poema en homenaje a la ciudad de Guayaquil en su aniversario de fundación (Universidad de Guayaquil. Departamento de Publicaciones, 1999)

Anthologies

  • Generación huracanada (Editorial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Guayas, Guayaquil, 1970)
  • La Poesía en el IV Mundial de Natación: antología ecuatoriana (Asociación de Empleados Banco Central, Guayaquil, 1982)
  • La poesía en el deporte: antología ecuatoriana (FEDACO, Guayaquil, 1980)

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