Adalberto Ortiz

Adalberto Ortiz

Adalberto Ortiz Quiñones (Esmeraldas, February 9, 1914 – Guayaquil, February 1, 2003) was an Afro-Ecuadorian novelist, short story writer, poet, professor and diplomat. Among his most important books are: Juyungo (1942, novel; English translation by Susan Hill and Jonathan Tittler, 1983); Earth, Sound and Drum (1953, poetry); Entundada (1971, short story). His most defining feature as a writer was the incorporation of the elements of afro-Ecuadorian culture, enriching his literary vocabulary with its jargon, its elasticity and its rhythm. In 1995 Ortiz was awarded the Eugenio Espejo Prize, Ecuador’s most important literary award.

Career and diplomatic posts

  • Secretary of the Guayas branch of the House of Ecuadorian Culture
  • Provincial director of education of Esmeraldas
  • Director of the Polytechnic School of the Littoral
  • Director of the humanities department of the ministry of education.
  • Chancellor of the Ecuadorian consulate in Mexico
  • Subsecretary of the Ecuadorian embassy in Paraguay
  • Cultural Advisor of the Ecuadorian Embassy in Paris, France
  • Visiting professor at Howard University, Washington D.C.

Videos

Interview: Orlando Tenorio, former president of the Esmeraldas branch of the House of Ecuadorian Culture, speaks about Adalberto Ortiz

Uploaded to YouTube in 2017. Year created unknown.

Poems by Adalberto Ortiz

YO NO SE

¿Po qué será,
me pregunto yo,
que casi todo lo negro
tan pobre son
tan pobre son
como soy yo?

Yo no lo sé.
Ni yo ni Uté.

Ma, si juera un gran señó,
rico, pero bien rico,
me lo gatara todito
entre negroj como yo.

Ma, rico yo no he de sé,
esa sí que e’ la verdá,
nunca plata he dé tené.
Ma, si juera un gran señó,
siempre negro sería yo.
¿Po qué será?

Yo no lo sé.
Ni yo ni Uté.

CONTRIBUCION

Africa, Africa, Africa,
tierra madre, verde sol,
en largas filas de mástiles
esclavos negros mandó.
Qué trágica fue la brújula
que nuestra ruta guió.
Qué amargos fueron los dátiles
que nuestra boca encontró.
Siempre han partido los látigos
nuestra espalda de cascol
y con nuestras manos ágiles
tocamos guasá y bongó.
Sacuden sus sones bárbaros
a los blancos, los de hoy,
invade la sangre cálida
de la raza de color,
porque el alma, la del Africa
que encadenada llegó,
en esta tierra de América
canela y candela dio.

LA MADERA DE ENCOFRADO

Cuando estuvo terminada aquella casa
trajo en dos carretas sus muebles
y se acomodó graciosamente
en un buen departamento.
Colgó su hamaca de mocora
y púsose a descansar a pierna suelta;
pero antes de un minuto despertó en la calle
Alguien que sabe de estas cosas
hoy me ha dicho que le están ya preparando
un ataúd con la madera de encofrado.

¿COMO VA LA ZANAHORIA?

¿Cómo irá la zanahoria? Preguntaba.
Siete veces mejor que en el mercado, pobrecita
mi mujer, que con su libro de dietética me dice:
-Es muy saludable en jugo helado,
pero se pone tan cara la zanahoria
cuando hay derrumbes en la línea férrea…
El rudo peón de construcciones de concreto
con su pesado cajón de mezcla 1, 2 y 4,
bajaba hasta la misma losa de las fundiciones,
a concretar sus esperanzas.
¡Qué hermoso va a quedar este edificio!
¡Primer Premio Nacional de Arquitectura!
¡Orgullo ornamental de la ciudad!
El duro peón entusiasmado con esta perspectiva
subía presuroso su cajón de mezcla 3 por 1,
hasta la misma terraza del octavo piso,
y se ponía a dominar con su mirada alegre
los trajinados barrios de la urbe.
Pasmaba a todos los curiosos
con su maravilloso equilibrio en los andamios.
Era feliz en ese rascacielos
construido con sus manos de Aladino.
Es muy raro el color de la zanahoria,
como la linda cabeza de Chelita
donde se tortura mi amigo el pintor
con oscuridades solanescas
y problemas de líneas, colores y estructuras,
buscando ontológicamente la esencia de las cosas.
Mientras ella canta, baila,
coquetea y juega hockey,
él vuelve a la paleta
con sus prostitutas monstruosas,
sus barrios suburbanos
y su colección de insectos
en maravilloso technicolor.
Yo miro, sueño y me pregunto:
¿Cómo irá la zanahoria? Pobrecita.

EL PELO Y LOS PERIODICOS

A Enrique Gil Gilbert

Mi amigo, el peluquero,
cree, a pie juntillas, en todas las noticias
de la Prensa Unida y Asociada,
en los partes de guerra de Corea
y en los discursos de Truman y Eisenhower.
Cuando electrocutaron a los esposos Rosenberg,
fue a la catedral y oró contritamente
por el perdón de sus culpas de espionaje atómico,
después de haber gozado en la lectura
de todos los detalles.
Cree en la honestidad, proclamada en los periódicos,
de todos los contrabandistas,
prevaricadores y coimeros,
convertidos en prohombres de la Patria.

El diario de la mañana es su Evangelio
y la fuente inagotable de sus temas
para distraer a sus clientes.

A mí me aburre.
Pero debo subir a su silla pasando una semana
con un escalofrío, mirarme en el espejo
y acordarme de la inocencia y sacrificio de los Rosenberg,
porque tengo un pelo muy difícil
y él es un hábil peluquero.

Visitante sin medida

¿ Para qué viajar de ciudad en ciudad
sin conocer las avenida
ni los pasos secretos de la lluvia ?
Zarpar de puerto en puerto
sin acoderar en muelle alguno.
¿ Para qué cambiar un empleo
por otro empleo
sin atinar la música,
la silla ni la letra ?
¿ Para qué saltar de cuerpo en cuerpo
sin hallar el alma que se busca
en una onda cerebral
o en el epicentro de los vitales sueños
perdidos en amores que complicó
el verdugo del tiempo ?
De mi ruta sale la esperanza,
mi esperanza se proyecta en la sombra,
a mi sombra asustan los ladridos
de unos seres que nunca
yo había visto ni oído.
Pero luego se silencian
y los perros que reconocen al visitante.

Estampa

La noche va cubierta
con las manos del silencio.
El camino se ha cerrado
al paso irreversible del olvido.
De palabra en palabra
construimos el misterio
que cae sobre las cosas
y todo lo servido en otras mesas *
se ha quedado allí podrido.
Con ojos curiosos de turistas
corren las agridulces muchachas extranjeras
aves de paso.
Desde el fondo,
— mi fondo que apenas entreveo — ,
un místico clamor me sale
y queda enajenado el nuevo día.

Ofrenda nocturna

A Nora, manos y corazón de seda.
(Yankis, ¡ No ! Gringas, i Sí !)

Casi al final del brumoso estero de mi vida
entré por un túnel de vegetación extraña.
Estuve allí por meses y por años
sentado al borde de mi canoa de sueños
esperando divisar la boca de salida.
Ella entró también por no sé dónde y no sé cómo
furtiva estrella frágil, de occidente,
cargada de toda la ternura
de sus antepasadas nórdicas.
Yo condensé en mis manos
el cuerpo de las noches tropicales
y lo puse a sus plantas.
Ella pisó, sin querer, como quien dice
el alma de una de esas noches
y renacieron las auroras.
Allí mismo, a través de esa luz, desconsolado,
pude ver que no había puerta de escape
casi al final del brumoso estero
de mi vida.

FENIX

A Nora
(Yankis, ¡ No ! Gringas, ¡ Sí !)

Yo que en un tiempo
renegué de la ternura,
hoy me rindo a tus caricias
y renazco.
En el centro del invierno
amenaza mi azagaya
rasgar tu fina piel de nieve y rosa,
más allá de la tarde
y tú sonríes sin miedo
acostumbrada a los combates.
Agresiva.
Cubierta con tu escudo de dulzura,
inicias la batalla de los besos,
las dermis y las flores
— sin inglés ni castellano —
que en ese ahora son idiomas muertos.
Sales airosa siempre
sobre el cochino campo devastado.
Y yo renazco.
Tengo hambre — digo —
y tus insondables esmeraldas
me miran temerosas del ñam-ñam.

Published works

Novels and short stories

  • Juyungo (Buenos Aires, 1943) – (English translation by Susan Hill and Jonathan Tittler, Three Continents Press, Inc, Washington D.C., 1983)
  • El espejo y la ventana -National Award of the Journalist Union (Quito, 1967)
  • La envoltura del sueño (Guayaquil, 1982)
  • Los contrabandistas (México, 1945)
  • La mala espalda (Quito, 1952)
  • La entundada (Quito, 1971)

Poetry

  • Tierra son y tambor (México, 1945)
  • Camino y puerto de la angustia (México, 1945)
  • El vigilante insepulto (Quito, 1954)
  • El animal herido -antología- (Quito, 1959)
  • Fórmulas. Tierra Son y Tambor (Quito, 1973)
  • La niebla encendida (Quito, 1983)
  • El perro que se mana la mierda (aluncia, 2014)

Anthologies

Ortiz’ work has been included in the following anthologies:

  • El nuevo relato ecuatoriano (Quito, 1951)
  • Antología del cuento hispanoamericano contemporáneo (Quito, 1958)
  • Antología del relato ecuatoriano (Quito, 1973)
  • Cuento de la generación de los 30 (Guayaquil)
  • Antología del cuento ecuatoriano (Lima, 1974)
  • Cuentos hispanoamericanos, Ecuador (Quito, 1992)
  • Cuento contigo (Quito, 1993)
  • Antología básica del cuento ecuatoriano (Quito, 2001).

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